
Mientras navegadores como Chrome y Edge apuestan por integrar modelos de lenguaje directamente en su interfaz, Vivaldi toma una posición clara: no habrá IA en el navegador. Ni chatbots, ni resúmenes automáticos, ni asistentes predictivos. Y no porque no puedan hacerlo, sino porque cuestionan el impacto estructural de esta integración.
Jon von Tetzchner, CEO de Vivaldi, plantea un problema de fondo: si el navegador empieza a interpretar, resumir o actuar por vos, deja de ser una herramienta de exploración y se convierte en un filtro algorítmico más. La experiencia de navegación pasa de ser activa a pasiva. Y eso tiene consecuencias.
Una de las más directas es para el ecosistema de contenidos. Los resúmenes generados por IA —especialmente cuando se muestran directamente en la interfaz del navegador o en el motor de búsqueda— reducen el tráfico a los sitios originales, desplazando a los editores y centralizando el acceso a la información. No es menor: esto altera el modelo económico de la web.
Además, hay una cuestión de arquitectura. Integrar IA generativa directamente en el navegador implica compartir el contenido de la sesión de navegación con servidores externos, ya sea para inferencias contextuales, autocompletado o generación de respuestas. Aunque algunas implementaciones, como las pruebas de Firefox con modelos locales, mitigan esto, la mayoría de los navegadores están optando por la inferencia en la nube, lo cual plantea preocupaciones legítimas sobre privacidad y control de datos.
Vivaldi evita este camino. Si quieres usar un LLM, lo haces por tu cuenta, desde una pestaña aparte. No hay integración opaca, ni telemetría disfrazada de asistencia. Esa separación explícita entre navegador y herramienta de IA preserva el modelo clásico de cliente neutral.
¿Es menos cómodo? Tal vez. Pero los usuarios técnicos ya tienen sus flujos personalizados. Si quieres usar ChatGPT, Claude, Gemini o cualquier otro modelo, lo haces de forma explícita. Incluso puedes añadirlos como motores de búsqueda personalizados o integrarlos vía extensiones. No hace falta que el navegador intercepte tu navegación y actúe en segundo plano.
Algunos defensores de la IA integrada argumentan que mejora la productividad: clasificación de pestañas, sugerencias inteligentes, edición de texto. Pero muchos usuarios avanzados ya gestionan todo eso con extensiones específicas, scripts, o simplemente con atajos de teclado bien configurados. Lo que para unos es una ayuda, para otros es una intrusión innecesaria.
Firefox, por ejemplo, ya empezó a experimentar con IA, pero mantiene cierto control: modelos locales, activación manual, sin procesamiento automático del DOM. Por ahora, eso lo mantiene dentro de un umbral aceptable. Pero si sigue la tendencia de Edge —con IA escaneando el contenido de las pestañas activas para generar acciones o respuestas—, el conflicto con la filosofía open web será inevitable.
Entonces, para Vivaldi, el navegador no debería convertirse en un proxy algorítmico entre el usuario y la web. Debería seguir siendo una interfaz neutral que respete tus decisiones.
Más información: Vivaldi