
LibreOffice está entrando en una etapa decisiva para su futuro. Durante años fue visto principalmente como una alternativa de escritorio frente a Microsoft Office, pero ahora la Document Foundation parece entender que los usuarios necesitan algo más que una suite tradicional instalada en el PC.
Seguirán desarrollando las versiones de escritorio y manteniendo el enfoque en el software libre, pero al mismo tiempo comenzarán a apostar con más fuerza por aplicaciones móviles, herramientas web y colaboración en tiempo real.
Trabajarán bajo WebAssembly y es especialmente acertada, porque podría permitir que LibreOffice funcione directamente desde el navegador sin depender tanto de servidores externos. Eso encaja muy bien con la filosofía de ofrecer mayor independencia tecnológica y privacidad.
Aun así, el desafío será enorme. Competir con servicios que ya dominan la colaboración online no será sencillo, sobre todo cuando empresas como Google o Microsoft tienen ecosistemas mucho más maduros. Pero si LibreOffice logra combinar edición colaborativa, compatibilidad con ODF y una experiencia multiplataforma sólida, podría convertirse en una opción mucho más relevante en los próximos años.
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